Manual Del Caballero Rosa Cruz. Aldo Lavagnini. Magister
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Manual del caballero rosa cruz
Principe de oriente y occidente - grado 18 - reaa
Aldo Lavagnini – Magister
LIBRO DE 172 pag A5.
Este "Manual del Caballera Rosacruz", de Aldo Lavagnini, incluye cuatro partes principales, en las que son analizados los siguientes temas:
"Bosquejo histórico sobre el cristianismo, el gnostisismo y el rosicrucianismo"; "El grado masónico del Caballero Rosacruz"; Per Rosam, ad Crucem y Per Crucem ad Rosam.
Es el trabajo memorable de una personalidad esclarecida, donde sinceridad, mensaje y calidad doctrinal ayudan a comprender los aspectos más apasionantes y controvertidos de la antigua Orden Masónica.
Primera parte:
Bosquejo Histórico sobre el Cristianismo, el Gnotismo
y el Rosacrucianismo
Cristianismo y Paganismo
Cristianismo Precristiano
La Gran Demostración
El Cristianismo de Jesús
Segunda parte:
El Grado Masónico de Caballero Rosacruz
Su Lugar en el Orden
La Gran Obra Individual
La Cámara Verde
La Religión de la Sabiduría
La Cámara Negra
La Hora Mística
Primeros Viajes
El Juramento
El Hombre en la Cruz
En Busca de la Palabra
En la Cámara Infernal
Istar y Proserpina
I.n.r.i.
Jesús Nazarenus Rex Iudetorum
La Sangre del Pelícano
Igne Natura Renovatur Integra
La Resurrección Hermética
In Nobis Regnat Ille
Consagración
La Cena Mística
Consummatum Est
Tercera parte:
Per Rosam ad Crucem
Creación de la Luz
Creación del Cosmos
Creación de la Vida
Los Cinco Tanmatras
Los Sólidos Platónicos
La Perfecta Medida
La Cruz Humana
El Templo de la Vida
La Rosa en la Cruz
Sólidos Vivientes
El Sol y la Luna
Solve-Coagula
La Música Creadora
Tétrada Ogdoada
La Dodécada Geométrica
El Reino del Tiempo
El Reino de la Luz
La Cruz Cósmica
Cuarta parte
Per Crucem ad Rosam
En busca de la Rosa
El Santuario del Alma
La Cruz Edénica
El Árbol de la Vida
Los Tres Hombres
Pasaje del Mar Rojo
La Redención Crística
El Sendero Kármico
El Principio Redentor
El Nuevo Nacimiento
El Agua y el Espíritu
Las Aguas Vitales
El Respiro de Vida
Pranayama
El Poder de la Serpiente
Como se despierta
Ejercicios de Pranayama
Respiración Alternada
Alquimia Espiritual
La Rosa Filosófica
Hoshea
AL CABALLERO ROSACRUZ (o del Águila y del Pelícano)
Principe de oriente y de occidente
El Amor de la Verdad y la calidad de Caballero de Oriente, que patentiza vuestra precedente labor masónica, os han hecho merecedor de poseer simbólicamente este grado filosófico por excelencia, cuyo entendimiento y aplicación os deparan oportunidades desconocidas para quien se limite a considerarlo únicamente en su forma exterior.
Su carácter innegablemente místico y religioso –y sin embargo al mismo tiempo perfectamente lógico y racional, pues la religiosidad que demuestra, no se pega a la letra, sino que procede de la vida, y es enteramente ajena a toda forma de dogmatismo y a toda creencia arbitraria- lo ha hecho parecer y juzgar, por la observación superficial, como algo extraño a la fundamental esencia del simbolismo y del genuino espíritu de la Orden, mientras por el contrario, cuando lo comprendamos percibimos de que en ningún otro grado masónico encuentran éstos tal vez una expresión tan notable por su sencillez, profundidad y valor operativo.
Acontece con este grado lo mismo que con el Cristianismo, en su comparación con las demás religiones: su estudio y conocimiento superficial, especialmente del punto de vista en que nos lo presenta el dogmatismo ortodoxo, con la intransigencia agnóstica de la letra que mata al Espíritu de la Verdad, sepultándolo en su forma exterior, en donde difícilmente puede –como Hiram en la masonería- reconocerse como viviente, la hacen fácilmente rechazar por aquellos que aspiran a libertarse de todo vínculo y de todo prejuicio, en su camino hacia la Verdad. Sin embargo más adelante, cuando lleguen por sus esfuerzos en un grado más profundo de comprensión, percibiendo y viniendo en contacto interior con la vida oculta –mística y filosófica- se convencen de que realmente la revelación que constituye la esencia pura y genuina del Cristianismo, sobrepasa en profundidad y en poder y valor actual a todas las demás revelaciones de la Verdad y de la Vida Divina que nos testimonian los siglos y las creencias aún ahora esparcidas en el mundo: es verdaderamente un evangelio, la Buena Nueva, o sea la Palabra de la Verdad Libertadora, el Verbo que ha descendido como luz entre los hombres, pero que éstos no comprendieron por estar sus ojos obcecados por la vida material y sus oídos ensordecidos por los ruidos exteriores de la comprensión profana.
Este místico secreto es precisamente la palabra perdida –perdida solo en la apariencia, pues la realidad es lo que hay de más permanente, lo que nunca puede perderse y desvanecer- que los Rosacruces buscan y poseen, compartiéndola en todos sus trabajos, con el vino de la Vida, bajo la especie del pan de la Verdad.
¿Cómo pudieran sin ella revivificarse los trabajos masónicos? ¿No es cierto, tal vez, lo que nos cuenta histórica y proféticamente, la Leyenda de Hiram, que la dicha palabra perdida hemos de buscarla en el centro o Cámara del Medio de la Verdad Eterna? ¿No ha desaparecido y muerto en apariencia el Arquitecto Director de la Obra, o sea la Palabra de la Verdad, que es luz orientadora, por falta de los oídos de la comprensión? ¿No reina por consiguiente el desorden y la confusión en los trabajos, habiéndose roto las columnas y esparcido los instrumentos que han de servirnos para la construcción?
Si queremos reanudar los trabajos, encaminándolos en una finalidad realmente constructiva, en la Luz de la Realidad que sola tiene el poder de orientarnos, nos hace falta esa Palabra, y nos precisa poner todo esfuerzo para encontrarla. Es, pues, la verdadera luz y el sólo guía que puede conducirnos directamente, en medio de las profanas tinieblas que nos rodean. Y ¿dónde mejor hallar esa palabra, sino en la misma piedra, que se labra en el esfuerzo individual hacia un ideal interior de perfección siempre más elevado y que, una vez perfectamente cúbica, ábrese por ese esfuerzo en la cruz de sus propias dimensiones, en cuyo medio el corazón palpitante de la piedra, que busca todo maestro secreto, es el capullo vital que se abre en la rosa mística de la Sabiduría y del Amor?
¿No es sobre esa misma piedra que quiso el Nazareno levantar el edificio simbólico de su ekklesia? No de las iglesias que, como los soldados a los pies de la Cruz, quisieron dividirse y se sortearon sus despojos, sino de la Ekklesia verdadera, eterna y viviente, que permanece oculta e inaccesible para la intransigencia dogmática –el ropaje exterior de la Verdad- en que se ingresa por medio de la mística comprensión, y en la que se realiza la verdadera comunión de las almas, unidas interiormente en el tríplice lazo de la Caridad, de la Santidad y de la Gracia, que nacen de la práctica de la virtud y atestan su renacimiento en el Cristo individual.
La dicha Ekklesia y la genuina Antigua y Mística Fraternidad de los Rosacruces no son cosas distintas: el mismo pan de la Verdad Eterna, de la Sabiduría Divina de las Edades, y el mismo vino de la Vida Elevada, Ennoblecida y Regenerada por la Virtud, igualmente se comparten en la una como en la otra. El mismo Cristo es conocido, realizado y testimoniado en la primera como en la segunda, concibiéndolo y dándole a la luz el alma purificada por Obra del Espíritu Santo o del Espíritu de la Verdad; por lo tanto el uno como el otro pueden estrecharse la mano, y decir con Jesús: “De cierto, de cierto te digo que lo que sabemos hablamos y de lo que hemos visto testificamos” (Juan 3-11).
Este manual tiene por objeto indicaros el Camino para lace de la simbólica investidura que habéis recibido del grado de Rosacruz, algo más efectivo, real y viviente, cuya realización interna es precisamente aquello que únicamente puede abrirnos la puerta de la mística Ekklesia de la Fraternidad, cuya conexión con nuestra Orden hemos de ver en el Bosquejo Histórico que precede el estudio y la interpretación del simbolismo de este grado. Os invitamos a este estudio en el mismo espíritu fraternal de la cena simbólica, en que los Rosacruces de todo el mundo están unidos en la comunión celestial del Cuerpo del Cristo Viviente, en el medio de todos y cada uno de nosotros.